Terminó el día y llegaste a tu casa. Se puede decir que ya es hora de bajar las persianas. La sensación es que lo único lindo es poner la cena en el microondas, prender el televisor y ver los Pells. Así es. Pero algunas veces hay sorpresas que nos llevan al punto de partida al final del día: un cercano que tiene que ser llevado de urgencia al hospital, un amigo que está celebrando su cumpleaños y te avisa tarde para que no te pierdas el asado, y así más. Lo hacemos y en ese trance, unas palabras cruzadas. El universo de las experiencias desconocidas vuelven a avivar nuestra curiosidad. Dos horas y media después, sí. nos acostamos. Pero esas dos últimas horas terminaron siendo las más recordables del día.
Por algo será que hace bien escaparle
a la rutina. Sobre todo, cuando un diálogo nos revive.
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